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lunes, enero 5, 2026

Detención de Maduro en EE.UU. tras captura por narcoterrorismo

Un operativo militar sorpresivo en Caracas culmina con el mandatario esposado en una celda federal de Nueva York, lo que redefiniría la geopolítica continental

SANTO DOMINGO, República Dominicana – Una incursión militar sigilosa en la madrugada caraqueña ha fracturado el orden político de América Latina. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos y su traslado espectacular a una celda en Brooklyn constituyen un punto de inflexión histórico, no solo para Venezuela, sino para los frágiles equilibrios de poder en el hemisferio. El exmandatario, quien por más de dos décadas ejerció un férreo control, ahora enfrenta la maquinaria de la justicia federal estadounidense, acusado de narcoterrorismo, en un proceso legal sin precedentes que ya desata un torbellino diplomático global.

La noche del asedio y la toma

Todo comenzó en la oscuridad del sábado 3 de enero. Mientras Caracas dormía, el cielo se iluminó con el destello de misiles y el rugido de aviones y helicópteros no identificados. Durante más de una hora, blancos estratégicos en la capital y sus alrededores fueron alcanzados en una operación de distracción y fuerza abrumadora. Paralelamente, un comando de élite, identificado por fuentes como la Delta Force, ejecutó un plan meticuloso para localizar y extraer a su objetivo principal. En cuestión de minutos, Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores, fueron detenidos sin mayores resistencias en un lugar no divulgado, posiblemente una residencia segura. Fueron rápidamente conducidos a una pista aérea y embarcados en un vuelo directo hacia territorio estadounidense. El presidente Donald Trump, en una conferencia de prensa posterior, justificó la acción como la ejecución de órdenes judiciales pendientes por «narcoterrorismo» y «conspiración para introducir miles de toneladas de cocaína» en Estados Unidos.

El viaje hacia la celda: de mandatario a reo número

La pareja aterrizó en una base militar del estado de Nueva York en la tarde del mismo sábado. El simbolismo era brutal. Horas más tarde, el mundo observó atónito las imágenes difundidas por la Casa Blanca: Maduro, con sandalias y un look casual, esposado y flanqueado por agentes federales de alto rango dentro de las instalaciones de la Administración para el Control de Drogas (DEA) en Manhattan. Allí fue sometido al proceso inicial de registro, toma de huellas y formulación de cargos. Su destino final sería el sombrío Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn, una prisión federal de alta seguridad que ha albergado a criminales notorios como Joaquín «El Chapo» Guzmán y Jeffrey Epstein.

Un gobierno en vilo y la respuesta inmediata

En Venezuela, la conmoción rápidamente dio paso a un protocolo de emergencia. El Tribunal Supremo de Justicia, en una sesión extraordinaria, nombró a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la República. Su primera declaración fue de firme condena, tildando la acción de «secuestro ilegal, ilegítimo y bárbaro» y una «flagrante violación de la soberanía nacional». Sin embargo, su mandato se vislumbra complejísimo, intentando garantizar la continuidad administrativa mientras las calles vibran con una mezcla de júbilo, incertidumbre y tensiones latentes. El partido opositor Vente Venezuela, liderado por María Corina Machado, convocó manifestaciones en diversas capitales latinoamericanas para celebrar «la hora de la libertad».

El terremoto diplomático y la postura dominicana

La reacción internacional no se hizo esperar y evidenció profundas fracturas. Rusia, China e Irán condenaron enérgicamente la operación, calificándola de acto de agresión y un peligroso precedente que viola el derecho internacional. En contraste, aliados estratégicos de Washington expresaron un cauteloso apoyo, subrayando la necesidad de restaurar la democracia en Venezuela. La Organización de Estados Americanos (OEA) urgió a prevenir una mayor escalada.

En este escenario, la voz de República Dominicana fue clara y alineada con sus principios democráticos. El presidente Luis Abinader recordó que el país «nunca reconoció la legitimidad» de la reelección de Maduro en 2024. Desde su cuenta oficial en X, el mandatario expresó: «Hoy reiteramos nuestra disposición a colaborar con el restablecimiento de la democracia, la paz y la concordia nacional en Venezuela. República Dominicana estará siempre del lado de la democracia. Donde sea, cuando sea y ante quien sea». Una postura que posiciona a la nación caribeña como un potencial facilitador en la compleja transición que se avizora.

El juicio del siglo: los cargos y el camino legal

Maduro y Flores enfrentan una acusación federal del Distrito Sur de Nueva York que actualiza y expande cargos presentados inicialmente en 2020. El documento judicial, de una contundencia notable, describe una conspiración de más de 25 años en la que «los líderes de Venezuela han abusado de sus posiciones de confianza pública» para transformar al Estado en un instrumento del narcotráfico a gran escala. Se acusa a Maduro de haber utilizado sus cargos como ministro de Relaciones Exteriores y luego como presidente para coordinar el envío de «miles de toneladas» de cocaína a Estados Unidos, en alianza con grupos designados como terroristas, como el Tren de Aragua, y enriqueciéndose junto a su círculo íntimo. Su primera comparecencia ante un juez federal en Manhattan está prevista para los próximos días, iniciando un proceso legal que promete ser extenso, mediático y profundamente político.

Implicaciones profundas y un futuro incierto

La captura de Nicolás Maduro trasciende lo jurídico. Es un evento geopolítico de primer orden que plantea preguntas incómodas sobre soberanía, intervencionismo y los límites de la justicia internacional. Marca, posiblemente, el epílogo forzado del chavismo como proyecto hegemónico, pero abre un abanico de escenarios impredecibles para Venezuela: ¿Una transición pacífica? ¿Una fractura interna mayor? ¿Una intervención más profunda? Mientras el exmandatario se adapta a la vida tras las rejas, su país, y toda la región, contienen la respiración ante el nacimiento de una nueva y volátil era.

Fuentes: CASA BLANCA / CBS NEWS / INFOBAE / FOX

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