Choque de leyes paraliza el ordenamiento territorial en Pantoja

El mundo construye ciudades inteligentes, mientras en Pantoja y Los Alcarrizos no se ponen de acuerdo sobre quién firma un permiso de marquesina. Ese choque de leyes nos tiene en el subdesarrollo.

El mundo avanza

Singapur acaba de inaugurar otro distrito planificado con gemelos digitales que predicen el tráfico antes de que ocurra. Barcelona sigue ganándole metros al asfalto para devolvérselos al peatón. Medellín convirtió sus escaleras eléctricas en símbolo de dignidad urbana y las enseña al mundo con orgullo.

Y mientras tanto, aquí en la media isla, nosotros seguimos enredados en un pleito de competencias que ya cansa, que huele a rancio, que parece más un capítulo de cacicazgos políticos que una gestión pública seria y moderna. El planeta entero corre hacia ciudades más humanas y nosotros todavía no hemos resuelto quién carajo tiene la autoridad para aprobar una simple marquesina en Pantoja.

La planificación urbana debería ser ciencia y consenso, pero aquí la hemos convertido en un pulso entre una Junta de Distrito que quiere ejercer su rol y un Ayuntamiento cabecera que no suelta el control ni con agua caliente. Y en el medio, como siempre, el dominicano de a pie, el que madruga para coger un carro público, el que levantó su casita con el sudor de veinte años de trabajo, ese es el que termina pagando los platos rotos de esta burocracia esquizofrénica que nadie se atreve a desenredar de una maldita vez.

Choque de leyes

Vamos a poner esto clarito porque la cosa es seria. Por un lado, tenemos la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, que en su artículo 24 manda a los distritos municipales con más de 15,000 habitantes a crear sus propias Oficinas de Planeamiento Urbano (OPU), para que gestionen el uso del suelo con criterio técnico y no con compadrazgo político de esquina. Por el otro lado tenemos la vieja Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios, que establece con todas sus letras que la Junta de Distrito está subordinada jerárquicamente al Ayuntamiento de la cabecera, en este caso Los Alcarrizos. ¿Y entonces qué tenemos? Un lío padre, compadre.

La Liga Municipal Dominicana aprobó en mayo del 2025 la Resolución 02-2025 reconociendo la potestad de Pantoja para establecer su OPU. Pero al mismo tiempo el otrora consultor jurídico del Poder Ejecutivo, Antoliano Peralta, salió en julio del mismo año a decir que los distritos municipales no están legalmente facultados para autorizar uso de suelo hasta que no se apruebe el reglamento de aplicación de la ley. Óigame bien: ¿en qué país vive uno? ¿Quién manda aquí realmente? ¿El MEPyD, el MIVED, la LMD, el Ayuntamiento de Los Alcarrizos o la Junta de Pantoja? Este choque de leyes no es un debate académico de facultad de derecho, es una parálisis administrativa que tiene a miles de familias en el limbo.

Pantoja sueña, pero no puede

Hablemos sin paños tibios que el tema lo amerita. Pantoja quiere volar sola, y con justa razón lo digo. Ese distrito municipal ha crecido como espuma, tiene más de 15,000 habitantes según el censo que la propia ley usa de referencia, y su gente está cansada de ser el patio trasero de Los Alcarrizos. Quieren su oficina técnica, sus inspectores, sus permisos, su identidad como comunidad. Pero el sistema los tiene amarrados de manos y fundillos. Porque, aunque tengan su OPU montadita y bonita, con arquitectos jóvenes y planos digitalizados, el presupuesto grande, el que define si se asfalta o no la calle principal, lo maneja el Ayuntamiento de Los Alcarrizos. Y peor aún, el sello final para cualquier proyecto de construcción, ese que vale millones y que define si el inversionista se queda o se va, tiene que pasar por la ventanilla de la cabecera.

Entonces el munícipe de Pantoja vive un drama kafkiano: la oficina de su distrito le dice «dale, que eso procede», pero cuando llega a Los Alcarrizos le dicen «eso no procede porque el uso de suelo no coincide con nuestro plan macro». Y el pobre diablo queda atrapado en el medio, con los planos bajo el brazo y la inversión paralizada. Eso no es desarrollo sostenible, eso es tortura burocrática pura y dura.

Los Alcarrizos tiene el control

Ahora bien, no nos pongamos románticos con Pantoja tampoco, que Los Alcarrizos tiene sus razones de peso para no soltar el control. Cualquier alcalde con dos dedos de frente sabe que, si los distritos empiezan a autorizar usos de suelo a lo loco, el desorden se multiplica como los conejos. Imagínese usted que Pantoja decide, en un arranque de autonomía mal entendida, aprobar una zona industrial pesada justo al lado de una urbanización que está en territorio de Los Alcarrizos. ¿Quién responde por el tráfico, por el ruido, por la contaminación del acuífero que comparten ambas demarcaciones? El Ayuntamiento cabecera, no la Junta Distrital.

La sentencia TC/1146/23 del Tribunal Constitucional fue clara como el agua de coco: la autonomía municipal es sagrada, y aunque la Ley 368-22 es importante para el ordenamiento nacional, no puede pasar por encima de la potestad que la Constitución le otorga a los ayuntamientos sobre su territorio. El problema no es que Los Alcarrizos sea un monstruo centralista que quiera aplastar a Pantoja. El verdadero problema es que el Estado dominicano no ha sido capaz de sentar en una mesa a ambas partes y decir con claridad: «Aquí están las reglas del juego, esto le toca a Pantoja y esto le toca a Los Alcarrizos, y el que se salga de su carril paga las consecuencias». Este choque de leyes se resuelve con voluntad política, no con más decretos ni resoluciones a medias.

El Jet Set como ejemplo

Y, por si fuera poco, ahí está el fantasma de la tragedia del Jet Set recordándonos que el desorden urbano no es un juego de abogados, es un asunto de vida o muerte. La nota de prensa de la LMD lo menciona explícitamente: la sociedad dominicana demanda orden en el uso del suelo y control sobre las edificaciones para evitar tragedias donde las construcciones improvisadas ponen vidas en riesgo.

Pedro Richardson, director ejecutivo de la Federación Dominicana de Distritos Municipales, lo ha dicho sin pelos en la lengua: llevan tres años reclamando al MIVED el cumplimiento del artículo 24 de la Ley 368-22, mientras el ministro de turno continúa violando una disposición que otorga a los gobiernos locales capacidad para autorizar el uso del suelo mediante estas oficinas.

Tres años, compadre. Tres años esperando que alguien en el gobierno central se siente a deslindar competencias, a trazar la raya, a decir «hasta aquí llegas tú y desde aquí empiezo yo». Mientras tanto, en Pantoja, en La Caleta, en Verón-Punta Cana, en los 26 distritos que califican para tener su OPU, la gente sigue construyendo como Dios le da a entender, porque el que quiere hacer las cosas bien se topa con la maraña burocrática y el que quiere hacerlas mal simplemente construye de noche y soba al inspector de turno con un billete. Ese es el país que tenemos, señores.

Guardar pan…

Al final del día, la solución no es ciencia espacial ni requiere traer expertos de la NASA. Lo que hace falta es voluntad política para sentar en una misma mesa al Ministerio de Economía, al MIVED, a la LMD, a la Federación de Municipios y a la Federación de Distritos, y no levantarse de ahí hasta que salga un protocolo claro de actuación. Que se defina, de una vez y por todas, quién autoriza qué, quién cobra qué, y quién responde por qué. Porque el que está pagando los platos rotos de esta guerra de competencias no es Víctor D’Aza, no es Antoliano Peralta, no es Danilo Santos el alcalde de Los Alcarrizos, ni Lioncito José de FEDODIM.

El que paga es el dominicano de a pie, el que ahorró veinte años para comprar su solar en Pantoja y ahora no sabe si el permiso que le dieron en la Junta Distrital vale algo o si se lo van a tumbar cuando llegue al Ayuntamiento cabecera. Como decía mi abuela, que en paz descanse, hay que guardar pan para mayo. Y este mayo está pintando feo, con una tormenta burocrática que amenaza con inundar de expedientes muertos y proyectos trancados el sueño de miles de familias que solo quieren vivir en una ciudad ordenada, digna, y técnicamente planificada. Si no deslindamos esta vaina pronto, el choque de leyes nos va a dejar como al cangrejo: mucho movimiento lateral, pero cero avance real. Y las vacas flacas, mi hermano, no avisan cuando llegan. Llegan y ya.

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José Ml. Taveras
José Ml. Taverashttps://www.alcarrizos.news/
Escritor y articulista dominicano, vinculado a la gestión administrativa, el pensamiento humanista y el análisis social. Desde su trabajo en Alcarrizos News, aborda con mirada crítica temas políticos, económicos y ciudadanos que impactan a República Dominicana.

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