Alofoke presidente, es el síntoma de una sociedad que abandonó la decencia y el mérito

La antipolítica y la consagración del anti-modelo


Carolina Mejía
Nilson Abreu Lebrón, doctor en ciencias políticas (politólogo), catedrático, político y excandidato a diputado por la circunscripción 5, de la provincia Santo Domingo.

En la teoría política y la sociología del poder se enseña que las candidaturas presidenciales son el reflejo exacto del cuerpo social que las engendra. Hoy, en República Dominicana, la eventual postulación de Esmelin Santiago Matías García («Alofoke») no representa una anomalía del sistema: es su síntoma más depurado.

Alofoke encarna la antítesis absoluta del ciudadano ejemplar. Sin embargo, su viabilidad no radica en virtudes institucionales, sino en la capacidad de movilizar un caudal electoral que revela, con espantosa claridad, las profundas fracturas estructurales de la sociedad dominicana. Si logra contar votos, no será por mérito propio, sino porque su figura encarna realidades que preferimos ignorar.

«La peor dictadura es la que impone la mediocridad como norma» – Platón, si viviera hoy, lo diría con estas palabras.

 La extracción de la moral y cívica de la currícula educativa

Desde la sociología de la educación (Durkheim), la escuela tiene como función primaria la transmisión de valores y la cohesión social. El desmantelamiento de la formación ética en las aulas ha dejado un vacío identitario donde el concepto de «ciudadanía» fue sustituido por el de «consumidor».

Sin referentes cívicos, el criterio de autoridad se desplaza del hombre virtuoso al actor ruidoso. Vicios estos que entrañan la validación estatal de lo reprochable. El síntoma Alofoke es la consecuencia directa de décadas de abandono educativo y moral en el país.

El castigo al mérito y la apología de la anomia

Desde la psicología social y la teoría de la anomia (Merton), cuando una sociedad bloquea las vías legítimas de movilidad social, el individuo busca atajos. Hoy se margina al estudiante meritorio y se rinde culto al «vago» que alcanza el éxito rápido.

Que un actor mediático repita impunemente a los jóvenes que «no hay que estudiar para progresar» sin que el cuerpo social lo ponga en su lugar es la prueba definitiva de una sociedad que ha normalizado el anti-esfuerzo como método de ascenso. Inaceptable es el adverbio aplicable a este comportamiento donde convergen la licenciosidad de un tipo para obrar y la apatía vulgar del Estado.

La devaluación de la decencia como capital social

En la dinámica contemporánea de la atención, la decencia ha pasado a equivaler a la nada. La «sociedad del espectáculo» (Debord) recompensa la transgresión, la chabacanería y la humillación ajena. La vulgaridad ya no avergüenza; se monetiza y se traduce en capital reputacional.

Las licencias personales se rompen cuando la cosa pública se encomienda a un individuo sin escrúpulos. No a pocos les infiere dolor y repugnancia infinita que el erario se asigne a seres camuflados de ciudadanos, cual si dichos dineros fuesen propiedad personal del degenerado-esperpento que los maneja.

La precariedad del diseño constitucional para la función pública

La ciencia política analítica pone de relieve una grieta institucional absurda: mientras para cualquier empleo técnico se exigen títulos, pruebas psicométricas y antecedentes penales, para dirigir los destinos de la Nación no existe ningún prerrequisito cualitativo. La democracia dominicana confundió el derecho a elegir con la renuncia a la idoneidad.

La cotidianidad con que obran muchos funcionarios nos dice que estos males no tienen estatura de anomalía sino de cáncer terminal. Basta reparar en que 222 funcionarios por designación no han presentado sus declaraciones juradas de patrimonio, y el mandatario Luis Rodolfo Abinader Corona no ha hecho N.A.D.A. al respecto. El síntoma Alofoke se alimenta de esta impunidad estructural.

El transfuguismo de los fondos de formación política partidaria

Los partidos políticos han convertido los fondos públicos destinados a la capacitación de sus cuadros en una caja chica de gasto discrecional. Al renunciar a la pedagogía política, dejaron de formar líderes con vocación de servicio, abriendo las puertas a los mejores exponentes de la depravación que la sociedad del espectáculo constituye.

No por coincidencia, el grado de abstención electoral es un fenómeno «in crescendo». La apatía de los partidos instituye el descenso de estos como instrumento de uso permanente, convirtiéndolos en meras carretas electorales que recogen «lo que se jaye» en su discurrir.

El crossover impune: de organizaciones ideológicas a agencias de eventos electorales

La ciencia política contemporánea diagnostica la muerte del «partido de masa» y el nacimiento del «partido cascarón». Las organizaciones políticas pasaron de ser espacios de debate a meros comités de convocatoria temporal que se activan cada cuatro años.

Esta realidad, constatable en la inexistencia de estructura y doctrina, prepara el caldo de cultivo para que cualquier figura con alta penetración mediática pueda alquilar una franquicia electoral. Basta reparar en la calidad del Congreso Nacional dominicano hoy, donde sus leyes están esqueletizadas por fallas semánticas, sintácticas y de inaplicabilidad.

La antipolítica como proyecto: la advertencia final

Nadie le corrige ni le frena porque el sistema se volvió complaciente ante la masa encandilada. Santiago Matías aspira a la Presidencia porque entiende los signos de los tiempos: una era donde el resentimiento social, la falta de educación y la erosión institucional permiten que el espectáculo sustituya al estadista.

¿Lo peor? Yo quiero que el señor Santiago Matías Alofoke tenga su partido y saque 500 o 700 mil votos. El beneficio de este eventual acontecimiento es que los cómplices por inacción estarían obligados a construir la introspección colectivizada que todos necesitamos para erradicar cánceres del tejido social.

Nilson Abreu Lebrón
Nilson Abreu Lebrón
Doctor en ciencias políticas (politólogo), catedrático, político y excandidato a diputado por la circunscripción 5, de la provincia Santo Domingo.

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