¿Dejarías que el que te bota decida cuándo y cómo cobrar tu liquidación?
Trabajo bajo fuego
El mundo conmemora el Primero de Mayo recordando una sangre vieja, pero todavía caliente: la de los trabajadores que en 1886 salieron a exigir ocho horas de trabajo, no esclavitud con reloj, no vida molida entre fábrica y hambre. Chicago encendió una mecha que cruzó fronteras, idiomas y generaciones. Sin embargo, aquí, en República Dominicana, mucha gente amanece hoy comprando pan, cogiendo guagua, resolviendo el moro, pagando colmado fiao y haciendo de tripas corazón. La diferencia es que los funcionarios, empresarios y legisladores no pueden darse ese lujo de mirar para otro lado. La cesantía laboral dominicana está bajo presión, y cuando se toca ese nervio, se toca la mesa completa.
La situación del trabajador dominicano no cabe en una postal bonita de Palacio ni en un comunicado con números bien peinados. Sí, hay más ocupados. Sí, el empleo cerró 2025 con cifras históricas. El Gobierno reportó 133,915 nuevos ocupados promedio y 5,139,951 personas empleadas. Además, la informalidad promedio bajó a 54.1 %. Pero, mi hermano, 54.1 % sigue siendo una multitud viviendo sin plena protección laboral. Es casi medio país laboral metido en el rebú de la sobrevivencia. Entonces, celebrar empleo sin mirar la calidad del empleo es venderle al pueblo una yuca sin sal y decirle que es un banquete.
El salario mínimo privado no sectorizado tuvo un aumento de 20%, aplicado en dos fases. En grandes empresas pasó hacia RD$29,988 en febrero de 2026; en medianas, RD$27,489.60; en pequeñas, RD$18,421.20; y en microempresas, RD$16,993.20. Eso ayuda, claro que ayuda. Pero no convierte la nevera vacía en nevera llena. Tampoco paga solo alquiler, transporte, medicina, útiles, internet y comida. Según Hacienda, la pobreza monetaria bajó a 17.3% en 2025. Es un avance verificable. Sin embargo, reducir pobreza no autoriza a desmontar derechos. Al contrario: obliga a blindarlos.
Cesantía en disputa
Aquí está el punto que algunos quieren envolver en papel de regalo: la cesantía no es un lujo. La cesantía es el salvavidas del trabajador cuando lo botan sin razón justificada, cuando la empresa decide “reestructurar”, “optimizar”, “cerrar posiciones” o usar cualquiera de esas palabritas finas que significan lo mismo: váyase para su casa y resuelva. Por eso alarma que, en medio de la reforma laboral, la discusión vuelva como sombra mala. Los sindicatos de Santiago alertaron sobre la posible eliminación del artículo 86, que sanciona al empleador que incumple pagos, y rechazaron cualquier reducción de garantías laborales. Eso no es paranoia sindical; es defensa elemental.
Los empresarios más francos ya no dicen “quitar”. Ahora dicen “modificar”, “poner topes”, “modernizar”, “facilitar empleo formal”. Suena bonito, como anuncio de banco. Pero el efecto puede ser feo. La Asociación de Industrias planteó que la cesantía no debe desaparecer, aunque sí modificarse con topes, bajo el argumento de que el modelo actual limita nuevas plazas formales. Ese argumento merece debate, sí. Pero también merece sospecha. Porque cada vez que en este país se promete competitividad sacrificando al trabajador, el trabajador termina poniendo el cuero y otro se lleva el chicharrón. La cesantía laboral dominicana no puede ser moneda de cambio.
Este 1ro de mayo no se honra al trabajador con discursos bonitos, sino defendiendo su salario, su cesantía y su derecho a vivir con dignidad.
José Manuel Taveras
Las posición del gobiero
El Gobierno tampoco puede hacerse el chivo loco. El ministro de Trabajo, Eddy Olivares, dijo que la responsabilidad de aprobar la reforma recae en los legisladores, y Diario Libre documentó que el proyecto lleva años atrapado entre intereses empresariales, sindicales y políticos. Acento reportó este 1 de mayo que la Comisión Permanente de Trabajo de la Cámara de Diputados aprobó un informe favorable, mientras la cesantía sigue como la línea roja del movimiento sindical. Entonces, si la cesantía no se toca, que lo escriban claro. Si se respeta, que no la raspen por debajo. Y si hay presión empresarial, que el Congreso dé la cara.
Lo que aprobaron a escondidas
El jueves 30 de abril, horas antes del Día del Trabajo, la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados aprobó sin ruido el informe de la reforma a la Ley 16-92. Ocho votos a favor. Cero en contra. El diputado Mélido Mercedes salió a los medios con su sonrisa de deber cumplido. Dijo que la cesantía sigue intacta y que todo fue consenso. Pero el diablo está en los detalles chiquitos. Porque mientras los diputados se palmoteaban la espalda, los empresarios ya tenían su lista de exigencias lista sobre la mesa, esperando el momento justo para meterla por la puerta de atrás y dejarte sin nada.
Julio Brache, de la Asociación de Industrias, fue clarísimo en su reclamo. Pidió modernizar leyes que, según él, son viejas y obsoletas. Citó a Portugal y a Chile como ejemplos a seguir. Pero lo que no dijo es que en esos países la flexibilización trajo contratos basura. Empleos de mentira para trabajadores de verdad. Ese espejismo de progreso es el que quieren importar a esta media isla. Y usted, padre de familia con 15 años partiéndose el lomo, sería el principal perjudicado cuando toque la puerta de recursos humanos y le digan que su liquidación será en abonos.
La paciencia se agota
República Dominicana no vive sola en una burbuja con música de dembow y motoristas calibrando en las calles. América Latina sabe demasiado bien lo que pasa cuando el empleo crece sin seguridad: aumenta la ocupación, pero también crece el miedo. La OIT mantiene a República Dominicana como país miembro y promueve trabajo decente y justicia social, dos conceptos que aquí se mencionan mucho y se cumplen a medias. Si el empleo es formal solo en papeles, si el salario apenas respira, si la informalidad supera la mitad de los ocupados, entonces desmontar garantías es como prender un fósforo en una bomba de gas. No hay que ser economista en Harvard para entender eso.
El trabajador dominicano llega a este Primero de Mayo cansado, endeudado y con una paciencia que no es infinita. Llega con más empleo en las estadísticas, pero con demasiada fragilidad en la vida real. Llega con salarios ajustados, pero todavía corriendo detrás de los precios. Llega oyendo promesas de modernización, pero oliendo el truco desde lejos. Porque el pueblo sabe. El pueblo huele cuando le quieren cambiar el nombre al golpe. La cesantía laboral dominicana es, para muchos, el último clavito de seguridad antes del hoyo. Quitarlo, reducirlo o volverlo simbólico sería una irresponsabilidad social con traje y corbata.
Conmemorar pero sin bajar la guardia
Por eso, este Primero de Mayo no debería ser un desfile de discursos vacíos. Debería ser una advertencia pública. Legisladores, no jueguen con fuego. Empresarios, no pidan confianza mientras empuñan el cuchillo. Gobierno, no celebre cifras sin defender derechos. La modernización laboral tiene que traer teletrabajo regulado, inspección fuerte, formalización real, justicia rápida y salarios que alcancen. Pero no puede venir con el viejo truco de siempre: vender progreso mientras se abarata el despido. La cesantía laboral dominicana no es una piedra en el camino. Es una defensa mínima en un país donde perder el empleo puede significar perderlo todo.
Y al trabajador dominicano hay que decirle la verdad, sin mareo: ningún derecho se conserva por gratitud del poder. Se conserva por vigilancia, presión y memoria. El Primero de Mayo nació de una lucha mundial, no de un brindis. Nació porque hubo gente que dijo basta cuando trabajar era casi morir de pie. Si aquí dejamos que la cesantía se convierta en ficha de negociación, mañana vendrán por otra cosa. Después por otra. Y cuando despertemos, el contrato será una servilleta. Así que guarden pan para mayo, pero también guarden coraje para junio, julio y agosto. Porque vienen vacas flacas si el pueblo se duerme.
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