Lula reelegido: Brasil frena el giro a la derecha regional

Brasil no escogió solamente un presidente: puso a prueba dos visiones de país y alteró un tablero continental que parecía inclinarse hacia la derecha

¿Qué hace que un electorado que colocó a un candidato segundo en la primera vuelta termine entregándole la Presidencia tres semanas después? La pregunta importa porque la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva trasciende a Brasil. El triunfo de Lula introduce una pausa en el desplazamiento político hacia la derecha que venía recorriendo América Latina y obliga a mirar nuevamente el equilibrio entre Washington, China y nuestra región.

El triunfo de Lula que pocos anticiparon

Lula no ganó cómodamente. Ganó una sociedad partida casi por la mitad. El Tribunal Superior Electoral contabilizó 64,256,232 votos para el mandatario, un 51.79%, contra 59,826,041 para Flávio Bolsonaro, equivalente al 48.21%. La abstención rondó el 19.2%. Más revelador todavía: Flávio había ganado la primera vuelta con 47.03%, mientras Lula consiguió 45.16%. El presidente logró revertir aquella ventaja en el balotaje, algo inédito en la historia electoral presidencial brasileña bajo este sistema.

Aquí aparece la primera enseñanza política. Una primera vuelta fotografía preferencias; una segunda puede convertirse en un plebiscito sobre aquello que una sociedad teme perder. Lula tenía vulnerabilidades evidentes. Carga con el desgaste de años de protagonismo, cuestionamientos vinculados al historial del PT y una economía que desacelera. El Banco Central brasileño proyecta crecimiento de apenas 1.8% para 2026 y mantiene la inflación por encima de su meta.

Sin embargo, también llegó con un mercado laboral resistente. Brasil cerró 2025 con desempleo anual de 5.6%, el menor nivel de la serie iniciada en 2012.

Lula reelegido
Fuente: TSE de Brasil.

Lula y Bolsonaro: dos proyectos

Flávio Bolsonaro ofrecía cambio, seguridad, menor presión estatal y mayor aproximación a Estados Unidos. Además, canalizó el voto conservador y el descontento contra el PT. Su 48.21% demuestra que el bolsonarismo no desapareció. Perdió la Presidencia, pero conserva una enorme capacidad electoral.

Lula ofrecía otra cosa: experiencia, políticas sociales, protección del trabajo y una política exterior con mayor autonomía frente a Washington. Su fortaleza histórica entre sectores populares volvió a pesar. También lo ayudaron una participación electoral mejor de lo esperado y la movilización de segunda vuelta.

Ese contraste encierra una disputa por la hegemonía, palabra que describe la capacidad de convertir una determinada visión de sociedad en sentido común dominante. Flávio representaba una derecha que buscaba consolidar el nuevo ciclo regional. Lula encarnó el freno.

El mito y el dato

El mito sería afirmar que América Latina volvió a la izquierda. No ocurrió. Antes de Brasil, siete victorias presidenciales conservadoras consecutivas habían desplazado el mapa regional hacia la derecha. Chile, Ecuador, Bolivia, Honduras, Costa Rica, Perú y Colombia forman parte de ese movimiento reciente.

Por eso, el triunfo de Lula no reconstruye aquella vieja “marea rosa”. Introduce un contrapeso. Aquí aparece la legitimidad: no significa simplemente ganar elecciones, sino conservar suficiente aceptación social para ejercer el poder. Lula obtuvo legitimidad electoral, pero deberá gobernar un país profundamente dividido y con un Congreso inclinado hacia posiciones conservadoras.

También emerge la polarización, cuando las diferencias políticas dejan de ser simples discrepancias y organizan identidades sociales enfrentadas. Un 51.79% frente a 48.21% describe matemáticamente esa fractura.

Brasil entre Washington y Beijing

La elección tampoco puede entenderse encerrando a Brasil dentro de sus fronteras.

Flávio Bolsonaro habría acercado considerablemente Brasilia a Washington. Lula apuesta por mayor autonomía estratégica, mantiene vínculos fuertes con China y reivindica espacios como BRICS. Aquí funciona otro concepto: multipolaridad. Significa que el poder internacional no se concentra alrededor de un único centro.

Brasil puede comerciar con Estados Unidos, profundizar relaciones con China y, simultáneamente, reclamar capacidad propia de decisión. Esa posición adquiere importancia porque hablamos de una economía de aproximadamente US$2.28 billones en 2025, según datos del Banco Mundial. Por eso Brasil importa tanto. Su tamaño convierte decisiones nacionales en acontecimientos continentales.

¿Qué gana República Dominicana?

Para República Dominicana, sería un error observar estas elecciones como quien contempla un partido de fútbol y pregunta cuál camiseta debe ponerse. Aquí conviene abandonar la pasión ideológica y sacar la calculadora. República Dominicana no necesita que Brasil sea de izquierda ni de derecha. Necesita que Brasil sea un socio estable, abierto y económicamente dinámico.

Brasil es la mayor economía de América Latina y una potencia agrícola, industrial, energética y diplomática. Además, la relación bilateral atraviesa un momento particularmente interesante. Datos divulgados por la Embajada dominicana en Brasil señalan que las exportaciones dominicanas hacia ese mercado crecieron 44.9 % durante 2025.

La relación ya está creciendo. Según la Embajada dominicana en Brasil, las exportaciones nacionales hacia ese mercado alcanzaron US$50.2 millones en 2025 y crecieron más de 50% interanual. Además, el déficit comercial dominicano frente a Brasil habría disminuido cerca de 36%.

Existe todavía una enorme asimetría. Precisamente ahí reside la oportunidad. En junio de 2025, Luis Abinader y Lula abordaron comercio, turismo, aviación, seguridad y cooperación bilateral. Ambos gobiernos también suscribieron acuerdos relacionados con transformación del Estado, gobierno digital y formación diplomática.

Por tanto, la continuidad de Lula puede favorecer la continuidad institucional de esas conversaciones. No garantiza beneficios automáticos. Santo Domingo tendrá que convertir diplomacia en comercio, inversión, conectividad y cooperación concreta. Brasil también puede ser interlocutor relevante sobre Haití. Abinader y Lula ya abordaron esa crisis durante su reunión bilateral de 2025.

La democracia después de votar

El triunfo de Lula demuestra algo más interesante que una victoria de izquierda: América Latina continúa políticamente abierta. Eso es saludable. La alternancia -posibilidad efectiva de premiar, castigar o sustituir gobiernos mediante el voto- constituye uno de los oxígenos fundamentales de la democracia.

Brasil no eliminó la derecha. Tampoco restauró la hegemonía continental de la izquierda. Simplemente recordó que los mapas políticos nunca quedan terminados. Y República Dominicana debería entender esa señal sin ponerse camisetas ajenas. Nuestra política exterior necesita menos enamoramiento ideológico y más pragmatismo nacional.

Palabras que aprendiste hoy

  • Hegemonía: capacidad de una fuerza política para hacer dominante su visión de sociedad.
  • Legitimidad: reconocimiento social y político que permite ejercer autoridad más allá de poseer formalmente el cargo.
  • Polarización: división intensa de una sociedad alrededor de posiciones políticas enfrentadas.
  • Multipolaridad: sistema internacional donde distintos centros de poder compiten e interactúan sin una única potencia absolutamente dominante.
  • Alternancia: posibilidad real de cambiar gobernantes y proyectos políticos mediante mecanismos democráticos.

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José Manuel Taveras
José Manuel Taverashttps://www.alcarrizos.news/
Escritor y articulista dominicano, humanista y filósofo. En cada entrega analiza con mirada crítica temas que impactan a la naturaleza humana.

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