La transformación del centro histórico enfrenta críticas mientras el propio proyecto prometió arborización y adaptación climática
SANTO DOMINGO, República Dominicana, – La remodelación de la Ciudad Colonial ha abierto cuestionamientos sobre la infraestructura verde incorporada al nuevo diseño urbano. Las críticas contrastan con documentos del proyecto que contemplan arborización, drenaje sostenible y medidas de adaptación climática.
Las intervenciones que transforman espacios de la Ciudad Colonial enfrentan cuestionamientos ciudadanos por el predominio de superficies duras y la disponibilidad de sombra.
El calor entra al debate
Una cuenta de X describió recientemente la zona como un “horno de concreto”. Además, cuestionó la instalación de elementos negros del mobiliario urbano y reclamó más árboles y jardineras. La publicación plantea una preocupación que trasciende la percepción estética. Sin embargo, determinar si la remodelación elevó la temperatura requiere mediciones comparativas que no aparecen aportadas en esa publicación.
Lo documentado permite formular otra pregunta: ¿la infraestructura verde ejecutada corresponde con los objetivos climáticos anunciados para el proyecto? El Programa Integral de Desarrollo Turístico y Urbano de la Ciudad Colonial tiene un costo total de US$90 millones, según el BID. Su objetivo comprende recuperar espacios públicos, mejorar la habitabilidad y fortalecer la gestión del centro histórico.
Además, el BID indicó que las calles priorizadas incorporarían arborización, junto con sistemas de drenaje, pavimentación, iluminación y mobiliario. Todo esto tendría un enfoque de adaptación y mitigación frente al cambio climático.
Los árboles estaban previstos
El contraste resulta mayor al revisar los antecedentes específicos de la calle El Conde. En 2024, responsables del proyecto explicaron que se incorporarían árboles para reducir la temperatura y hacer más agradable el recorrido peatonal.
Según declaraciones recogidas entonces por Diario Libre, estudios realizados para el proyecto encontraron hasta cinco grados de diferencia entre áreas con árboles y aquellas sin arbolado. Por tanto, la infraestructura verde no constituía un elemento accesorio dentro de la discusión sobre El Conde.
El BID también documentó sistemas de pavimento permeable, retención de aguas pluviales y alcorques inundables. Esas medidas buscan aumentar la capacidad del área para responder ante lluvias extremas. Sin embargo, resiliencia frente a inundaciones y confort térmico no son exactamente el mismo problema. Una calle puede gestionar mejor el agua y, al mismo tiempo, necesitar suficiente sombra para reducir la exposición solar.
Medellín muestra otro camino
La referencia ciudadana a Medellín tiene sustento, aunque requiere precisión. La Alcaldía de Medellín atribuye a sus corredores verdes mejoras del microclima de hasta dos grados. Información municipal más reciente sitúa reducciones entre dos y cuatro grados en determinadas zonas. Ese modelo combina árboles, especies menores y sustitución de pisos duros por superficies más verdes.
La discusión sobre la Ciudad Colonial, por tanto, no debería limitarse a concreto contra patrimonio. La pregunta pendiente es medible: cuánta infraestructura verde estaba diseñada, cuánta fue ejecutada y qué proporción efectiva de sombra tendrá el espacio terminado. Esa respuesta permitirá determinar si la renovación urbana cumplió también la promesa climática con la que fue concebida.
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