Por: AGUSTÍN PEROZO BARINAS
 
 
«Si la gente entendiera cómo funciona nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución mañana por la mañana». Henry Ford en 1922.
 
Hice esa misma pregunta a mucha gente de distintos sectores (no a economistas, por supuesto)… la mayoría me respondió: de los depositantes, de inversiones, de préstamos de otras instituciones financieras, de servicios, tasas, divisas, tarifas, etc. Claro, otros respondían que sencillamente no sabían.
 
Como tenemos acceso a mucha información virtual consulté en las redes de Internet datos que respondieran de manera sencilla y digerible en pocos minutos para que cada quien continuara su búsqueda. Me refiero a los legos en economía y finanzas, como yo.
 
Inicié con la banca de reserva 100%, que es un sistema por el cual los bancos deben mantener reservas por el 100% de los depósitos a la vista y otros pasivos exigibles de manera inmediata, de forma que si todos los depositantes exigieran simultáneamente el retiro de esos pasivos los bancos podrían hacer frente a estas demandas. No sucede lo mismo con los pasivos exigibles a plazo, ya que no supone ningún incumplimiento contractual no devolverlos antes de que estos sean exigibles. 
 
Uno de los bancos más importantes en sostener este sistema con continuidad fue el Banco de Ámsterdam, que lo mantuvo durante más de 150 años, y gracias a ello en 1672 pudo devolver el dinero de los depósitos a depositantes que lo requirieron masivamente. Este sistema contrasta con la «banca de reserva fraccional» que es el sistema preponderante en la actualidad y motivo de este artículo.
 
Ello me retrotrae a la crisis del sector financiero dominicano en el 2003 donde colapsaron tres grandes bancos del sistema creando un gigantesco hoyo financiero que asumió el Banco Central aumentando dramáticamente el llamado déficit cuasifiscal (por deuda cuasifiscal se entiende aquella que se origina en las pérdidas anuales del Banco Central, que son transferidas al gobierno y se convierten en deuda pública).
 
Aclaremos un punto: una élite financiera controla, junto a las grandes corporaciones internacionales, los Estados y sus economías. No crean más valor sino controlan las fuentes del dinero dentro de una pirámide donde esa élite está en la cima y nosotros, en la base; encima de nosotros los gobiernos, a los cuales se les ha otorgado los mecanismos de control (policía, ejércitos, poder judicial, poder político, etc.) y de recaudaciones (vía impuestos, aranceles, tarifas, etc.).
 
Estemos de acuerdo o no, se imponen sobre todos nosotros dentro de un sistema depredador de recursos naturales y humanos. La élite en la cima controla el sistema bancario. Por lo tanto acceden a préstamos con tasas privilegiadas. Son los titiriteros de las grandes corporaciones.
 
Cuando vamos a un banco y solicitamos un préstamo de 50,000 pesos y somos elegibles y aprobados, el banco, en realidad, escribe en tu cuenta que ya hay 50,000 pesos. No acuñan moneda ni imprimen billetes ni recurren a ningún metal precioso como garantía. Sencillamente realizan una entrada contable en su sistema computarizado indicando que tu cuenta tiene 50,000 pesos. 
 
Desde ese momento empiezas a pagar intereses sobre ese dinero que no existía, ni existe, ni existirá. 
 
Resulta que los bancos prestan hasta nueve veces la cantidad de lo que guardan en sus bóvedas, vía nuestros depósitos, que son préstamos al banco de nuestra parte, (y si el encaje legal es de un 10%), gracias al préstamo conocido como reserva fraccionaria.
 
Funciona así: al Banco Central de cualquier país se le permite determinar la cantidad de dinero que un banco debe tener en sus reservas, que es el encaje legal. El coeficiente de caja, también denominado coeficiente de encaje bancario, coeficiente legal de reservas, coeficiente de reservas o encaje legal, es la porción de depósitos de un banco que debe ser mantenido en reservas líquidas, y por tanto no se puede usar para inversiones ni préstamos. 
 
En otras palabras, no es más que la reserva de un porcentaje del dinero que reciben como depósitos de los ahorrantes las entidades de intermediación financiera, es decir, los bancos, las Asociaciones de Ahorros y Préstamos  (AAyP) y las corporaciones de ahorros y créditos y que se debe preservar ya sea en el Banco Central como custodia o en sus propias instituciones.
 
Si depositas en el banco 100,000 pesos, el banco separa el 10% del encaje legal, o sea, 10,000 pesos, y luego opera en el mercado con el resto. Ahora llega otra persona al banco y pide un préstamo de 90,000 pesos para comprar una motocicleta. En ese momento el banco otorga ese préstamo por 90,000 pesos de los 100,000 pesos del depósito que usted había creado: los 90,000 pesos “desaparecen”.
 
Entonces esa persona paga a otra por la motocicleta, quien ingresa la cantidad en ése u otro banco, lo que da igual, ya que es el mismo sistema bancario central. Estos 90,000 pesos se considera un nuevo depósito y así continúa el mismo proceso sucesivamente. El dinero se vuelve a depositar y se vuelve a prestar hasta que el depósito inicial de 100,000 pesos se convierte en 1,000,000 de pesos (sí, un millón de pesos).
 
El sistema bancario acaba de crear 900,000 pesos simplemente prestando el dinero. 
 
Todo empezó con los orfebres del siglo XVII cuando la gente acudía a ellos para comerciar con oro. El metal era muy pesado y riesgoso para llevarlo de un sitio a otro. Así que la gente comenzó a guardarlo en bóvedas y comerciaba con recibos. Fueron los primeros billetes. Como solo unos pocos retiraban su oro en momentos determinados, los dueños de las bóvedas, básicamente los nuevos banqueros, empezaron a crear recibos de oro que en realidad no tenían. Entonces prestaban esos recibos y les aplicaban unos intereses al dinero prestado… al oro que en realidad no tenían. 
 
Así nació el sistema de reserva fraccionaria. En este sistema los banqueros consiguen hacer dinero de donde no hay nada mientras que el resto de nosotros tenemos que trabajar para ganárnoslo, lo que ha provocado una manera moderna de servidumbre donde la masa de la sociedad trabaja para pagar su deuda con los bancos.
 
¿Dónde está ese dinero? 
 
La respuesta es simple: ese dinero no existe, es solo deuda que se presta infinitas veces, lo que crea más deuda, por lo que es un sistema piramidal y ya sabemos lo que sucede con los esquemas tipo «Ponzi». Los bancos especulan con el dinero de otros y solo les importa tu deuda. Mientras más personas endeudadas, más posibilidades de hacer más dinero.
 
Los 900,000 pesos antes señalados, creados de la nada a partir de un depósito inicial de 100,000 pesos, son deuda. Vale la pena señalar que si todas y cada una de las personas que han depositado tratasen de retirar al mismo tiempo, el banco no podría dárselos ya que no los tiene. El banco únicamente tiene 100,000 pesos en reserva (el 10% de encaje legal).
 
Dicho en plata, equivale a la falsificación de moneda pero sin consecuencias penales por obra y gracia del privilegio comentado. Ni la impresora más veloz de la Casa de la Moneda es capaz de generar tanto dinero con tanta eficiencia.
 
Pepe Mujica critica este crudo capitalismo: “Que dejen de joder. El dios mercado es la religión fanática de nuestra época. No sé para qué mierda hay un puñado de viejos que siguen queriendo más y más plata… ¿por qué no dejan de joder si se van a morir como cualquier hijo de vecino?”, y pide sujetar el mercado, incluido el financiero, al interés humano. Afirma que “tenemos que hacerles entender que la acumulación no es vivir más, porque lo que más está creciendo es la concentración de la riqueza y la riqueza sobra. Vamos a un ‘holocausto ecológico’ y están haciendo una gigantesca sartén para freírnos”.
 
En lo que craneo sobre el monetarismo, el dinero fiduciario y fiat, el argumento de que es un sistema basado en la confianza, la partida doble en los asientos contables, y cómo esa deuda genera oferta monetaria y agregados M1-2-3, reflexiono en la sentencia de Thomas Hobbes: «A este conflicto del hombre contra el hombre, esto también es consecuente; que nada puede ser injusto. Las nociones del bien y el mal, justicia e injusticia, aquí no tienen lugar. Donde no hay poder común, no hay ley, donde no hay ley, no hay injusticia. La imposición, y el fraude, son en este conflicto las virtudes cardinales».