La celebración del 19 de julio invita a dejar atrás los protocolos y reivindicar un gesto que en muchas culturas es sinónimo de rebeldía o respeto
SANTO DOMINGO, República Dominicana – Sacar la lengua, un gesto que en la mayoría de las sociedades occidentales se asocia con la mala educación o la burla infantil, tiene hoy su propio día de celebración. Cada 19 de julio, miles de personas alrededor del mundo se toman un momento para sacar la lengua en un acto que mezcla la rebeldía inocente con la alegría de romper las normas establecidas. Una efeméride que, aunque no cuenta con el respaldo de organismos internacionales, ha encontrado en las redes sociales el espacio perfecto para viralizarse.
¿Origen incierto entre tradiciones y casualidades
El Día Mundial de Sacar la Lengua se celebra cada 19 de julio, pero su origen permanece en el terreno de la especulación. Algunas versiones lo vinculan con el escritor francés Gustave Flaubert, famoso por el uso de la lengua en sus novelas. Otras lo asocian con un antiguo ritual celta vinculado al solsticio de verano. Lo más probable, según los rastros documentales disponibles, es que se trate de una celebración moderna y espontánea que surgió como una forma lúdica de desafiar las convenciones sociales. La ausencia de una fecha oficial no ha impedido que el gesto se convierta en un fenómeno viral cada julio.
Músculo fuerte o mito anatómico
Uno de los datos más repetidos sobre la lengua es que se trata del músculo más fuerte del cuerpo humano. La ciencia, sin embargo, desmiente esta afirmación. La lengua no es un músculo único, sino un conjunto de dieciséis músculos que trabajan en coordinación. Su fuerza reside en la resistencia y la precisión, no en la potencia bruta. Puede realizar miles de movimientos diarios para hablar, masticar y tragar, pero el músculo más fuerte del cuerpo humano, en términos de fuerza absoluta, es el masetero, el principal músculo de la masticación.
Una huella digital en la boca
Al igual que las huellas dactilares, la lengua posee características únicas en su forma, textura y patrones. La distribución de las papilas gustativas y la morfología de la superficie hacen que cada lengua sea diferente. Estudios científicos han demostrado que, a partir del análisis de una única papila, es posible identificar a una persona con una precisión del 48%. Un dato que abre la puerta a posibles aplicaciones biométricas en el futuro.
Los sabores y sus guardianes
La lengua humana contiene entre 2,000 y 8,000 papilas gustativas, aunque la cifra más citada ronda las tres mil. Estas estructuras permiten identificar cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. El picante, que aparece en muchas listas populares, no es un sabor sino una sensación táctil de irritación. Las papilas gustativas se renuevan constantemente, aproximadamente cada dos semanas, lo que explica la capacidad de recuperación del sentido del gusto tras ciertas lesiones.
De la Inglaterra victoriana a la danza maorí
El gesto de sacar la lengua ha tenido significados muy diversos a lo largo de la historia. Durante la época victoriana en Inglaterra, algunas mujeres sacaban la lengua como parte de un código para ofrecer servicios sexuales. En la cultura maorí de Nueva Zelanda, sacar la lengua forma parte del haka, la danza ceremonial que precede a la batalla. Allí es una muestra de fuerza y desafío. En el Tíbet, el gesto se interpreta como un saludo respetuoso. Una diversidad que demuestra cómo un mismo acto puede ser ofensa o veneración según el contexto cultural.
La legendaria lengua de Einstein
El 14 de marzo de 1951, Albert Einstein cumplía 72 años de vida y se encontraba en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Sus colegas le organizaron una fiesta privada, pero afuera la prensa acechaba. El científico, famoso por su genio y también por su escasa paciencia con los reflectores, salió del edificio visiblemente agotado. No quería sonreír ni posar. Simplemente deseaba subirse a su limusina y huir del acoso mediático.
El fotógrafo Arthur Sasse, sin embargo, se negó a rendirse. Insistió una y otra vez para obtener una imagen del rostro del físico. Harto y en un arranque de irreverencia, Einstein giró la cabeza hacia la cámara y sacó la lengua. El disparo de Sasse capturó el instante exacto. La foto mostraba a un anciano de cabello blanco y desaliñado, con los ojos cansados pero vivos, desafiando con un gesto infantil a todo el sistema de celebridades que lo envolvía.
Los editores de los periódicos dudaron. ¿Publicar una imagen tan poco seria de un premio Nobel? Temían una reacción airada del sabio. La realidad les dio una lección. A Einstein le encantó la fotografía. Le pareció un reflejo perfecto de su personalidad huraña y juguetona. Lejos de ofenderse, pidió copias para enviar a sus amigos como tarjetas de felicitación, convirtiendo la anécdota en un símbolo de su carácter excéntrico y su sentido del humor corrosivo.
Esta imagen trasciende lo anecdótico para conectar con el espíritu del Día Mundial de Sacar la Lengua. La efeméride nos recuerda que romper los protocolos, como hizo aquel genio de la física, puede ser un acto liberador. La lengua, ese músculo multifacético, no solo sirve para saborear o hablar. También permite burlarse de la solemnidad y celebrar la imperfección humana, tal como Einstein inmortalizó en aquella tarde de marzo en Nueva Jersey.
Un gesto que desarma tensiones
Más allá de la anécdota, la efeméride invita a reflexionar sobre la rigidez de las normas sociales. Sacar la lengua, especialmente en contextos lúdicos, ayuda a liberar tensiones y a conectar con la espontaneidad. La célebre fotografía de Albert Einstein sacando la lengua se ha convertido en un símbolo de irreverencia creativa y libertad de pensamiento. En un mundo cada vez más regulado por protocolos y corrección política, este día ofrece una pausa para recordar que reír y jugar también son parte esencial de la vida.
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