Luis Abinader, primero jura lealtad a Donald Trump en el «Escudo de las Américas». Luego, manda a su ministro de Justicia, Antoliano Peralta, a un cónclave anti Trump con Pedro Sánchez y Lula Da Silva. Esto es querer estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo
El mundo elige bandos, aquí el doble juego amenaza
El planeta se está partiendo en dos. No es cuento. Es geopolítica cruda, de la que duele. De un lado, Donald Trump y su bloque de soberanía nacional. Del otro, Pedro Sánchez y la Internacional Progresista. Mientras Washington y Bruselas tensan la cuerda, República Dominicana cree que puede seguir en la hamaca. Pero la hamaca, compadre, también se rompe. Y aquí el doble juego de Abinader amenaza con dejarnos en medio de ningún lado. Porque eso es lo que hace este gobierno: querer estar con Dios y con el diablo.
Hace apenas semanas, el presidente Luis Abinader firmó el acuerdo «Escudo de las Américas» con Trump. Pacto militar y de inteligencia contra el crimen organizado. Foto de “apretá” de manos. Discurso firme. Titulares en Listín Diario. «República Dominicana se alinea con EE.UU.», decían. Los optimistas respiraron aliviados. Pero lo que no entendí entonces, y que ahora me llena de ira, es que esa foto era puro «allante y movimiento». Porque el juego verdadero estaba en otro lado.
Peralta se reúne con los enemigos de Trump
Apareció la imagen. La captura corrió como pólvora en las redes. Antoliano Peralta, ministro de Justicia de la República Dominicana y enviado por Luis Abinader, reunido con líderes mundiales del bloque anti Trump. No era una cumbre cualquiera. Era un cónclave donde se diseñan las estrategias globales para frenar las acciones del presidente estadounidense. Los mismos que han llamado «amenaza fascista» al mandatario con quien Abinader acababa de firmar un acuerdo militar. Los mismos que defienden políticas de puertas abiertas y relativismo judicial que muchos dominicanos, los que viven la delincuencia día a día, jamás votarían. Y allí estaba Antoliano Peralta, representándonos. ¿Con qué autoridad moral?
No entendí. No entendí y quiero que alguien me lo explique con dibujos, porque las palabras se me quedan cortas. ¿Cómo el jefe de la justicia dominicana se sienta en la mesa de los que le declaran la guerra a Donald Trump? Justo cuando Abinader le estrechaba la mano a ese mismo Trump. Pero oiga, que esto no se queda ahí. Porque los señores que estaban en ese foro, los que Peralta fue a abrazar, postulan bonito: fronteras abiertas, inclusión cultural, políticas de género. Suenan fino. Suenan progresistas. Pero por debajo, por el huequito que nadie ve, van otras cosas. Van el tráfico de órganos, el tráfico de armas, el tráfico de drogas. Todo eso, compadre, viaja en el mismo equipaje. Y nuestro ministro de Justicia posó con ellos. ¿Me está diciendo que eso es casualidad? ¿Coincidencia? Esto no es política exterior diversificada. Esto es lo que mi abuela llamaba querer estar con Dios y con el diablo. Y el doble juego de Abinader amenaza con destruir la poca, la muy poca, la casi inexistente credibilidad que le queda a este gobierno. Porque si usted no entiende eso, amigo, entonces estamos jodidos.
México y El Salvador ya pagaron la factura
Nadie inventó el agua tibia. Cuando un gobierno muestra dos caras, la primera en pagar es la credibilidad. Miren a México. Andrés Manuel López Obrador quiso ser amigo de todos. Abrazó a Biden y también coqueteó con discursos antiimperialistas. ¿El resultado? Cuando el Cártel de Sinaloa partió Culiacán en dos, el ejército mexicano no sabía si cooperar con la DEA o no. La falta de posición clara le costó operativos fallidos y muchas vidas perdidas. Y eso, que México es potencia económica al lado nuestro.
Más cerca: El Salvador. Nayib Bukele no anduvo con rodeos. Dijo «con Trump» y punto. Cerró filas. No mandó ministros a cónclaves antiimperialistas mientras el jefe firmaba acuerdos militares. Hoy, la seguridad en San Salvador es envidia regional. ¿La diferencia? Coherencia. Nosotros tenemos un presidente que se viste de vaquero con Trump y manda a su ministro de Justicia a que se ponga un traje de colores del arcoiris y siente con Sánchez. Eso no es realismo. Eso es el doble juego de Abinader que amenaza en su máxima expresión la coherencia diplomática. Y el pueblo lo está viendo.
Y no me vengan con el cuento del diálogo. Eso lo dijo el vocero Félix Reyna hace unas semanas. Dialogar no es sentarse en la mesa del enemigo mientras abrazas a tu socio. Eso no es diálogo. Eso es, perdón la palabra, querer guayar en dos tablas al mismo tiempo. No se puede firmar con Trump y conspirar con sus enemigos. Y cuando de seguridad nacional se trata, eso mata.
Narcos no esperan que usted decida
Aquí hay algo que me quema la sien. El doble juego de Abinader no es un pecado académico. Es una invitación al desastre. Los narcotraficantes, los lavadores y las bandas en la frontera con Haití no esperan a que ustedes definan su perfil. Ellos ya eligieron. Y si ven que Peralta coquetea con Pedro Sánchez mientras Luis Abinader aprieta la mano de Trump, lo que leerán es confusión de alto nivel. Y la confusión, en seguridad nacional, es una puerta abierta para el crimen y el desorden.
Los datos hablan. La DEA, en su «National Drug Threat Assessment 2024», identifica a República Dominicana como punto de tránsito clave para la cocaína que llega a Estados Unidos y Europa. El problema es real, está aquí y no espera a que este gobierno defina de qué lado quiere estar. Pero si su ministro se reúne con los enemigos de Trump mientras usted le jura alianza, ¿qué garantía tiene Washington? ¿Y qué seguridad tenemos nosotros?
Algunos sí estamos preocupados. No somos opositores de profesión. Somos ciudadanos que vemos cómo se nos va el dinero en promesas vacías. El acuerdo con Trump costó recursos. El viaje de Peralta a España también salió de nuestros impuestos. ¿El resultado? Imágenes encontradas. Política exterior esquizofrénica. Y un pueblo que ya no sabe de qué lado está su gobierno.
Cierre: guarde pan para mayo, señor Abinader
Ustedes saben, como yo, que en la calle se dice: «El que mucho abarca, poco aprieta». Este gobierno quiere abarcar a Trump y a Sánchez, a Washington y a Madrid, al Escudo de las Américas y al cónclave antiimperialista. Pero lo que logra es apretar nada. Credibilidad, coherencia, confianza. Todo se le va como arenas en las manos. Porque querer estar con Dios y con el diablo es bonito para el púlpito o la fotografía. Para gobernar, es un suicidio.
Guarde pan para mayo, señor Abinader. Las vacas flacas llegan cuando el pueblo descubre que su líder no tiene espina dorsal. En República Dominicana, donde la delincuencia cada día cobra vidas de dominicanos y nuestros jóvenes se pierden en el crimen, no podemos permitirnos un gobierno que juega a dos bandas. Decídase. ¿Está con Donald Trump o con Pedro Sánchez? Porque intentar estar con los dos es no estar con nadie. Y, sobre todo, no estar con nosotros. Como dice el dominicano en la esquina: «Con Dios y con el diablo no se puede. Al final, los dos lo abandonan».
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