Por Minerva Isa / Periódico HOY

La solidez intelectual, un sello jesuita, perfila el apostolado educativo del Instituto Filosófico de Educación Superior Pedro Francisco Bonó, más de 25 años formando profesionales con un pensamiento crítico, capacidad de reflexión profunda y un modo de comprender la realidad que conduzca a un accionar concreto, comprometido con la construcción de una sociedad más justa y humana, más reconciliada.

Su responsabilidad docente trasciende las competencias y habilidades académicas en la forja de profesionales éticos, con capacidades intelectuales para un óptimo desarrollo en el campo laboral, también con la sensibilidad humana que les permita situarse en el contexto donde se desenvuelven.

El cultivo del intelecto, parte constitutiva de su apostolado, deja una impronta en el gran aporte educativo al país de la Compañía de Jesús, desde 1946, en politécnicos, en las escuelas Fe y Alegría para llevar enseñanza de calidad a los más pobres, hasta escalar linderos universitarios en 2015 con el Filosofado, convertido también ese año en organismo regional para la formación de jesuitas.

La importancia otorgada a la excelencia intelectual en esa escuela del pensamiento está igualmente estampada en medios de comunicación jesuitas, la Revista Estudios Sociales y Radio Santa María, fundada en 1956 para educar al campesinado cibaeño.

Tal como expresa su rector, el padre Cristhian Espinal Diloné, sj, el Instituto Bonó concibe la educación como un compromiso ético, socializan valores, enseñan a pensar, razonar, a tener un pensamiento propio, leer la realidad, diferenciándose de una escuela dominicana tradicionalmente bancaria, memorista, con un pensamiento encajonado, desvinculado de otros saberes.

“Hemos formado personas con una profundidad intelectual y una amplitud de mirada en las humanidades y la filosofía. Profesionales de alta cualificación diseminados en dos áreas fundamentales: la educativa y la social. Y lo que los distingue es la preocupación real porque algo de nuestras situaciones sociales requiere un cambio”.

Multiplican sus conocimientos en universidades, en los ministerios de Educación y Educación Superior, en instituciones sociales, de diversa índole. Se insertan en un amplio mundo, conectados con una preocupación común: transformar y aportar a la realidad nacional, es el eje transversal.
¡Es nuestro gran logro!, exclama el rector.

La solide intelectual, un sello jesuita, perfila el apostolado educativo del Instituto Filosófico de Educación Superior Pedro Francisco Bonó, más de 25 años formando profesionales con un pensamiento crítico, capacidad de reflexión profunda y un modo de comprender la realidad que conduzca a un accionar concreto, comprometido con la construcción de una sociedad más justa y humana, más reconciliada.

 

Otro gran logro -dice- ha sido aportar a la iglesia dominicana y latinoamericana un clero que se preocupa por su formación, que siente que su misión de servidores implica un compromiso con la fe y la justicia.

Méritos docentes. Los egresados del Filosofado se distinguen en el ejercicio magisterial por la seriedad docente, son puntuales, no faltan, siempre tienen presente el problema ético, y eso es un sello Bonó.

He visto ese sello en educación superior, enfatiza Espinal. Son profesores universitarios, investigadores y administrativos en educación superior, ocupan puestos directivos y laboran en el desarrollo de currículos. Imparten literatura, historia y otras especialidades en la secundaria.

Lamentablemente -dice- en ese nivel no se enseña filosofía, pero van poniendo en las materias lo aprendido aquí, a pensar críticamente la historia, la literatura, ver el arte como una expresión de lo humano, que tiene vigencia porque objetiviza sentimientos, preocupaciones, sueños de los seres humanos.

En el ámbito social se desempeñan sobre todo en organizaciones no gubernamentales, ONG, donde se requiere de una sensibilidad especial.

Evolución

El Filosofado siguió un proceso de fortalecimiento. Su matrícula incluye estudiantes de México, Nicaragua, Bolivia, Haití, El Salvador, Panamá, Honduras, Puerto Rico, Cuba, Costa Rica, más de diez países, lo cual permite una diversidad cultural.

Desde su conversión en un Instituto de Educación Superior (IES), está en crecimiento, en una fase dinámica, intentando ofrecer nuevas carreras, diversificando la oferta de cursos en diferentes temáticas, informa el sacerdote Pablo Mella, sj, exrector de la institución, y agrega:

El Instituto mantiene en gran parte su identidad, aunque se buscó más especialización en la filosofía. Para estandarizar con las demás carreras, la licenciatura se redujo de cinco a cuatro años, antes abarcaba filosofía y humanidades, y a solicitud de las autoridades educativas se limitó a una licenciatura en filosofía.

Entendían que la Compañía de Jesús debía ofrecer una carrera más pura en filosofía para que el país tuviera esa oportunidad.

Y lo vimos muy bien porque además iba en la misma línea de un acuerdo que hicimos con la Universidad Gregoriana de Roma, estamos dando al mismo tiempo un título eclesiástico en filosofía, que es la única institución del país que lo ofrece y posiblemente de la región, afirma Mella. “Hemos eliminado un poco la carga de ciencias sociales, no totalmente porque seguimos con la misma sensibilidad”.

En el perfil del profesional de ahora hay mayor profundidad en lo filosófico, aportando un pensamiento crítico que vuelve a lo pensando para evaluarlo más profundamente.

El egresado 1985-2015 tenía muchos elementos para elegir un posgrado en diversos ámbitos: literatura, sociología, ciencias sociales, filosofía, educación, una amplitud propia de las humanidades. Muchos se han especializado en lingüística, literatura, filosofía política, economía, en diversas áreas.

Los primeros alumnos eran jesuitas y misioneros del Sagrado Corazón, luego ingresan personas con preferencia a la vida religiosa o un pensamiento libre, que combine lo filosófico y humanístico.

Se unieron al Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), entonces una universidad naciente y con una orientación de mucha calidad, de la que eran una facultad y validaba el título.

Fe y justicia

Acorde con los cambios en la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II y de la Congregación General 34 de la Compañía de Jesús, se acentuó la innata preocupación jesuita por trabajar por la fe vinculada a la justicia, y por transmitir el apostolado intelectual que identifica su misión.

Esto llevó a un grupo de profesores encabezados por el padre Antonio Lluberes, sj, a plantearse la posibilidad de integrar esa preocupación a la educación, buscar el enlace de fe, justicia y vida intelectual.

Esos jesuitas salieron de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PCMM) y del Seminario Santo Tomás de Aquino, iniciando un proyecto que fue un sueño, un reto, dejar una academia con una gran estructura para instalarse en un sector popular, en el barrio Mejoramiento Social, dice Espinal y agrega:

“Los espacios tienen significado. Estamos aquí porque la intelectualidad tiene que responder a problemas concretos de la existencia humana, es una pseudo intelectualidad la que no piensa en el ser humano en su contexto, que no está en una conexión con sus problemas culturales políticos, sociales, antropológicos”.