Hay seres humanos que lo único que saben hacer bien es aprovecharse de los demás.

Son legítimas las aspiraciones de los seres humanos que buscan desarrollarse en el plano material, espiritual o en ambos a la vez, en función de su propio esfuerzo. Crecer en el transcurrir normal de la vida es algo obviamente muy natural y debemos de aceptarlo como el resultado del esfuerzo por alcanzar el progreso.

Es reconocido y bien visto por la comunidad el empeño que hace una persona por ocupar un lugar de respeto y consideración en el medio social, quien ha tomado como base el trabajo manual o intelectual, pero resulta penoso y hasta vergonzoso, tratar de escalar socialmente en forma precipitada, realizando acciones fuera de las normas sociales de convivencia y del buen juicio, llegando a reducirse como persona y aniquilando su dignidad.

Hay seres humanos que lo único que saben hacer bien es aprovecharse de los demás. En junta de vecinos, en la organización comunitaria, en el comité… No importa el espacio social al que pueda penetrar, una vez lo logró, trata de ir sumando gente alrededor suyo. Opinado sobre todos los temas y aparentemente sabe de todo. Este trepador social busca la manera de posicionarse en la cima de la organización. Si no lo logra en un periodo de tiempo que ya él ha determinado, entonces emigra a otra organización, donde pueda escalar a la cima en menos tiempo.

El único objetivo del trepador es su progreso particular. Este trepador se presenta con todas sus bondades para ganar adeptos y hace creer que la causa es de todos. Una vez logrado esto procede a hacer negocios en función del grupo, sin que el grupo esté enterado de que están siendo vendidos como reses que van al matadero.